El rescate de una Autopista Ochentera
¿Quién de nosotros no recuerda haber pasado horas frente al televisor durante los años ochenta y noventa, soñando con aquellas majestuosas autopistas de carreras que salían en los comerciales? Para muchos de los que crecimos en esa época, las pistas de marcas de prestigio eran un lujo inalcanzable. Sin embargo, los mercados de pulgas siempre tuvieron una alternativa democrática: los juguetes sin marca, o como cariñosamente los conocíamos en México, el “juguete de fayuca”.



El Hallazgo: Una Máquina del Tiempo entre las Lonas del Tianguis
Nuestra aventura comenzó como a todos nos gusta: chachareando desde temprano un lunes, recorriendo los puestos que se ponen justo enfrente de Ciudad Jardín, en pleno Bordo de Xochiaca. Entre fierros viejos, ropa usada y chácharas de todo tipo, el ojo clínico de Chachareando detectó algo que nos aceleró el corazón. Sepultada bajo un montón de objetos, asomaba una caja de cartón desgastada con ilustraciones de autos de carreras clásicos.

Al acercarnos y levantarla, la sorpresa fue mayúscula: se trataba de una autopista de carreras eléctrica de línea económica (Made in Hong Kong), ¡completamente resguardada en su empaque original! El empaque exterior se notaba castigado por las décadas y el almacenamiento, pero al abrirla con cuidado en pleno puesto del tianguis, supimos que teníamos un tesoro intacto en las manos. Tras un breve y respetuoso regateo con el vendedor —como manda la buena ley chacharera—, cerramos el trato y nos la llevamos a casa con una enorme sonrisa.


La Talacha en el Comedor: Cuando la Nostalgia se Topa con el Pasado
En cuanto cruzamos la puerta de la casa, el ansia pudo más que nosotros. En lugar de guardar la caja, nos fuimos directo a desocupar la mesa del comedor para armarla y probarla de una vez.


A simple vista, parecía que la autopista nunca había sido usada; los carritos deportivos estilo Nascar (uno amarillo y uno naranja) conservaban sus adhesivos originales de fábrica y los rieles metálicos no presentaban el clásico óxido del abandono. Sin embargo, cuando un juguete pasa más de treinta años guardado, el tiempo hace de las suyas.


Al terminar de acoplar el circuito en forma de elipse en medio de la mesa y colocar las baterías tipo C en el compartimento, ocurrió lo que todo chacharero teme: ¡los bólidos no se movieron ni un milímetro! Ahí mismo, entre las sillas del comedor, empezó la verdadera labor de rescate para revivir esta joya paso a paso:


Prueba de Continuidad Eléctrica: Armados con el multímetro sobre la mesa, procedimos a medir el voltaje en las terminales del conector de alimentación. Las pistas debían arrojar los 3V de las baterías. Al presionar los botones de los mandos, comprobamos que el voltaje corría perfectamente por los rieles electrificados, descartando un problema de cableado.
Destrabando el Motor: Si la corriente llegaba a la pista, el problema estaba en los carros. Desarmamos la carrocería del bólido amarillo y descubrimos que el motor eléctrico estaba totalmente pegado por las décadas de inactividad. Con un par de giros manuales cuidadosos al eje logramos aflojar el mecanismo, devolviéndole la vida al motor.


El Truco de las Escobillas: Para garantizar que los carros no perdieran potencia ni bailaran sobre el riel, se utilizó cinta de doble cara para alinear y fijar perfectamente las escobillas metálicas inferiores, asegurando un contacto firme y constante con la pista.
Cirugía de Engranes: Durante las vueltas de prueba, notamos que el carro amarillo perdía tracción en las curvas porque una de sus llantas se patinaba y el engrane principal del eje estaba roto. Aplicamos pegamento de alta resistencia para cerrar la fisura del engrane y fijar la rueda al eje, devolviéndole la tracción total al coche.


La Gran Carrera: Dani vs. Lupita
Una vez solucionados los detalles de fábrica y el desgaste por los años, llegó el momento más esperado: encender los semáforos. Conectamos una batería de celular adaptada con terminales directamente a la pista para inyectarle un “punch” extra de energía en paralelo y lograr que los motores rugieran con verdadera velocidad ochentera.


Con Dani al volante del veloz carro amarillo y Lupita controlando el bronco coche naranja, la competencia en el asfalto fue una locura. Tras un par de salidas en falso y reclamos de “trampa” por la posición de la trompa de los autos, los carritos agarraron su ritmo real, regalándonos derrapes increíbles y una tarde llena de risas en plena sala de la casa. Al final, más allá de quién cruzó primero la línea de meta, el verdadero triunfo fue rescatar un pedazo de historia que estaba destinado al olvido y recordar que, cuando éramos niños, lo único verdaderamente importante era ser felices.
Si te apasiona el arte de revivir piezas del pasado tanto como a nosotros, no te pierdas nuestras crónicas; date una vuelta por nuestro artículo sobre cómo rescatamos este Vocho de pedales y descubre cómo transformamos otra joya abandonada en una pieza de colección.


Si quieres revivir con nosotros la emoción de encontrar esta joya en el tianguis y ver cómo le dimos talacha en la mesa del comedor, ¡no te pierdas el video completo! Tan solo dale clic aquí abajo al play y acompáñanos en esta aventura.
